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Cultura

“Mi cabello rizado es belleza, emoción y poder”

por Virginia Paguaga (virginia.paguaga@lamegamedia.com)


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“Amaneciste como un león, ¿vas a salir así con ese pelo?”, y yo me pregunto: ¿acaso tengo que pedirle permiso a alguien para lucir mi cabellera? Expresiones como estas me motivan a cuestionar ¿por qué mi cabello afro –aún en estos tiempos modernos– sigue generando críticas y razones para discriminar?

Cuando era pequeña, por las mañanas me levantaba y me miraba en el espejo observando toda esa aura de cabello rizado, desordenado, reseco y sin definición, dando la impresión de que algo andaba mal, que era un “pelo malo” listo para alisarlo. 

Amar mi cabello, tal y cómo es, me costó mucho tiempo. El ideal de belleza impuesto ha tenido un estilo lacio como protagonista mientras que la textura afro o rizada ha sido relegada.

“Desde que tengo memoria me he alisado el cabello, de hecho, no sabía cómo era mi pelo natural”, dice Debbie Rowe, una mujer afrocaribeña de 25 años.

“Me lo alisaba, porque no me gustaba […] desenredármelo y peinarme era horrible, todo un dolor de cabeza”, comenta Elsa Rojas, una diseñadora gráfica nicaragüense de 24 años. 

“Me lo alisaba, no es el mejor momento para mí de la historia, pero sí lo hice cuando recién entré a la universidad a estudiar leyes. Me decían mucho: ‘debes tener el cabello y vestir de esta forma, porque entonces no eres abogada’”, explica Corina Rueda, abogada y poeta panameña de 25 años. 

Para la socióloga Esther G. Pineda, magíster en estudios de la mujer, con un postdoctorado en ciencias sociales y autora del libro “Bellas para morir”, es posible que la moda e imposición de estándares estereotipados de la imagen femenina desencadenen sentimientos de autorechazo.

“Los cánones de belleza son profundamente racistas”, asegura Pineda, quien define este comportamiento como violencia estética, analizando profundamente sus mecanismos y consecuencias, desde una perspectiva antiracista, antisexista y antigordofóbica.

“Quienes no responden a estos estereotipos son víctimas de discriminación, exclusión y violencia, presión social que lleva a las mujeres a someterse a modificaciones estéticas innecesarias, invasivas y riesgosas mediante los productos y servicios ofrecidos por las multimillonarias industrias cosméticas, farmacológicas y quirúrgicas, que se lucran del sufrimiento y contribuyen a perpetuar la dominación masculina”, advierte.

“En el colegio los profesores me ponían ‘R’ en aseo y orden, por mantener mi cabello rizado”, recuerda Corina Rueda.

“Las mujeres creen que no se ven bonitas sin su pelo liso y eso es algo que viene de generaciones atrás”, cuestiona Debbie Rowe.

Esta mirada despectiva hacia el cabello rizado se asocia al racismo. El orden socio racial que impera desde el período colonial ha erigido el estereotipo blanco como modelo hegemónico de belleza, y lo negro se asoció con la ignorancia y la fealdad.

Ha sido mucha la sanación, para llegar a este camino de amor, de dejar de usar químicos en el cabello, buscar cremas a base de plantas y aceites naturales, volver al origen y avanzar. 

Ahora entiendo que mi cabello es belleza, es emoción y poder. Es nuestra herencia porque nos dice quiénes somos, dónde estuvimos y a dónde vamos. 

Y –precisamente–  esta fue la motivación para producir el video “Planchada” (Nicaragua, 2015), el cual se ha presentado en exposiciones de arte en Centroamérica, México y Barcelona, España, donde quedó como finalista en el concurso de cine hecho por mujeres “Dona’m Cine”.

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FOTOS: Autorretrato/Virginia Paguaga
 

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