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Repudian racismo y uso de fuerza policial

por Hugo Marín (hugo.marin@lamegamedia.com)


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PITTSBURGH, Pensilvania  — Cientos de personas se dieron cita en Squirrel Hill, el 13 de junio para llevar a cabo la actividad titulada “Sábado Civil”, una manifestación convocada por la organización local Black, Young & Educated. 

Congregados en la intersección entre Forbes y Murray Avenue, los organizadores hicieron un llamado para enmendar la sección 508 del Título 18, en los Estatutos Consolidados de Pensilvania, el cual rige el uso de la fuerza. 

El portavoz explicó que la justificación para el uso de la fuerza es subjetiva y sin alguna duda razonable debe cambiarse.

Mientras los manifestantes marchaban hacia Oakland, se escuchaban las tan conocidas consignas de lucha: “Black Lives Matter” y “manos arriba, no disparen”. 

Al llegar a una esquina cercana al campus de la Universidad Carnegie Mellon, un orador preguntó: “¿Qué vas a hacer cuando salgas de aquí?” 

Dijo que salir a la calle para protestar es solo el primer paso hacia un cambio real, “es tiempo para hablar abiertamente del racismo”.

El mundo quedó indignado por los trágicos eventos que han recorrido las redes sociales.

Pittsburgh ha vivido en carne propia la violencia extrema de la supremacía blanca, como en Tree of Life, o el asesinato de Antwon Rose.

En los últimos años, Pittsburgh se ha convertido en un destino moderno para los jóvenes profesionales por su sólida economía y su costo de vida asequible. 

Es el hogar de una vibrante escena artística y musical, en general muy lejos de un pasado industrial con fábricas de acero y minas de carbón. 

Es una región amante de los deportes, con orgullo de cuello azul y los medios de comunicación retratan la ciudad como un ejemplo de lo que realmente representa Estados Unidos de América.

Sin embargo, en una ciudad pequeña –donde casi un 70% de la población es blanca caucásica–el sentido colectivo por la igualdad de derechos, puede resultar distorsionado al intentar autodefinir los parámetros del racismo.

En un intento por modernizar su imagen dando reconocimiento a la comunidad LGBTQ, cada 12 de junio Pittsburgh celebra el “Día de Sharon Needles”, lo que ha causado controversia dentro de los círculos de dicha comunidad a raíz de numerables escándalos por comentarios racistsas y uso de imágenes nazi por parte de Needles.

La semana antes a la masacre en una sinagoga de Squirrel Hill, en el moderno vecindario de Lawrenceville, en una pared de la esquina de 46th Street y Butler, un letrero leía: “Los inmigrantes son delincuentes”. 

En la parte inferior del cartel, tomando el crédito por la propaganda, estaba la organización “Blood and Soil”, una parte del “Frente Patriota”, peligrosa red nacional de supremacistas blancos antisemitas.

Para informar a la comunidad hispana de estas amenazas, La Jornada Latina publicó un artículo, entrevistando a un oficial de policía de la ciudad (blanco) quien dijo que “no encontraba las señales amenazadoras, que solo se trataba de libertad de expresión”.

En Pittsburgh, las personas de color se enfrentan a problemas únicos que no se han estado abordando. Las autoridades municipales necesitan reconocer las desventajas de los grupos vulnerables. 



 
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